La quietud con la que amanece la ciudad de Potosí, a 4.200 m. sobre el nivel del mar, es sólo aparente.
Es martes de carnaval, martes de challa.
Nadie ha ido a trabajar, los pobladores, de fuerte raigambre indígena de la etnia de los aymaras, dedican ese día a halagar a la Pachamama, la Madre Tierra, para darle gracias por las cosechas, las viviendas, loas negocios y por los bienes recibidos. Lo hacen ofrendando a la Pachamama, todo aquello que estiman le agrada; piden que los cuide y que cuide a sus propiedades para que les rindan beneficios.
Los preparativos se inician a medianoche.
La familia adorna profusamente el interior de las viviendas con serpentinas, papel picado, muchas guirnaldas de papel, de pared a pared, y globos de colores.-
Aprestan el infaltable plato de ofrendas que contiene lana, dulces, fruta, algún trozo de tocino y hojas de coca, que será quemado para atraer las bendiciones a la casa, todo en un ambiente festivo.
Los rituales de la challa, previstos con anticipación desde varios días antes, comienzan a primera hora de la mañana y tienen su culminación al mediodía.
Los automóviles, ómnibus y otros bienes, son cubiertos con globos y guirnaldas de flores transitan por las calles lentamente mostrando sus galas.
Los dueños de las casas y de los negocios, enredan serpentinas en las ventanas y las puertas, las decoran con globos y esparcen en la vereda y a lo largo de la pared, confites, pétalos de flores, papel picado, trozos de fruta y pepitas doradas.
El ritual se completa volcando licor sobre las ofrendas. Inmediatamente, para ahuyentar los malos espíritus, se hacen estallar ristras de cohetillos, cuyas explosiones se prolongan y se multiplican en cada portal y en cada esquina.
Estas ceremonias comienzan con las primeras horas de la mañana y tienen su culminación a mediodía.
Después de esa hora, la calle queda desierta, nada funciona, ni comedores, ni mercados, ni cines, ni transporte. Nada.- La ciudad queda vacía porque la fiesta seguirá ahora puertas adentro. Es el momento en que cada familia en particular agradezca a la Pachamama y le brinde su ofrenda.
Todos se reúnen, padres, abuelos tíos, nietos. Hay música y baile. Se quema el plato de las ofrendas con fuego de leña y mientras se arrojan confites en todos los rincones, se derrama licor sobre la tierra. De acuerdo a la tradición después, comen “la parrilla”, carne asada de oveja, llama, res o cordero, que ellos mismos han faenados. Se bebe cerveza, vino y alcohol en abundancia.
Comer en ese momento y en esa fecha, de acuerdo a sus creencias, les asegura que no les faltará comida durante todo el año.
La Pachamama ha aceptado sus ofrendas; por eso están seguros que no dejará de protegerlos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario